Hoy me eché a reir. Reí como loco. Pensé que me estaba volviendo loco. ¿Por qué habría de estar riéndme de esa manera, tan incontrolable?
Me miré en el espejo. Noté que había envejecido. No es que fuese joven y de pronto diese el viejazo. No. No era eso. Otra cosa. Sin embargo, no puedo puedo ponerle el dedo. Ya sé. Las canas. Son las canas.
Desde el final de mi adolescencia he tenido canas. No muchas, claro, pero las podía ver. Al paso del tiempo, me han brotado más. Quiero decir, más cabellos han perdido su pigmentación juvenil, poniéndose tiesas, ingobernables.
¿Será que las canas son cabello muerto? No puede ser, porque el cabello me sigue creciendo. Yo no padezco de la pérdida de pelo. En todo caso, me abunda. De hecho, ahora tengo que ir más seguido al corte. Son las canas. Es por eso. Son más tiesas de forma que al ser más largas, se vuelven tanto más rebeldes.
Vaya. Las cosas que uno descubre con el tiempo. ¿Sabiduría? No lo creo. Simple experiencia.
En todo caso, las canas se me ven más claramente. No es que no las tenga. Siempre las he tenido. Al menos desde que noté la primera a los dieciocho años. Sin embargo, no se me ven porque las tiño.
No era mi intención, originalmente. ¿Por qué habría de teñirme el cabello? No para cubrirme las canas. Eso no me importaba. Cuándo me ha importado eso. No. Lo hice porque quería cambiar de aspecto. Quería tener el pelo rojo.
El tinte no pegó. Las canas (¡siempre son las canas!) apenas si tomaron un tinte rojizo, más bien como transparente. El resto del pelo café apenas si se afectó. A pesar del obvio fracaso, me gustó el efecto. Fue la primera vez que me pinté el cabello, siempre con el efecto diferente del deseado.
Desde entonces, ya va para diez años, me lo pinto, de cuando en cuando. Ya me gustó. No me importa que se me vean las canas, pero ya me gustó pintarme el pelo.
Procuré varios tonos diferentes, incluyendo otro intento de pelo rojo. Pero no pega, no entinta. El pelo sólo se me oscurece. Entonces, en vez de un café medio oscuro, se me pone oscuro. Eso sí, el tinte sí cubre las canas, no como aquella primera vez que tan sólo las coloreó un poco.
Como sea, sin las canas visibles me miró más joven. Por eso ahora que me ví en el espejo me noté más viejo. Son las canas. Ya se me ven. Es hora de volver a entintar. ¿Me importa que se vean las canas? No me importa. Eso pienso. Pero sospecho que sí.
Pero ahora recuerdo porque reía tan sonoramente. Me volvió la memoria del humor incontrolable. El absurdo. El absurdo de la vida. Las canas son absurdas. El tinte es absurdo. La vanidad es absurda. El que me vea más viejo es absurdo. El que me vea más joven es absurdo. La vida es absurda. ¿Por qué no habría de reír?
Ya vi otra cana. Las canas. Siempre son las canas.