A veces siente el peso del mundo encima. Literalmente. No puedo respirar, y me niego a mirar hacia arriba o hacia adelante.
A veces, me río de esa situación absurda. No tengo el peso del mundo encima. De hecho, mis preocupaciones son pequeñas, a veces cómicas. Ondulo entre éstos dos extremos.
Lo que más me corroe es mi desidia. Es una de las cosas que más me calan. Y es tan simple, porque tan sólo se trata de hacer las cosas. No sé por qué tenga que ser difícil. Y sin embargo, persisto.
Ahora bien, el esperar hasta el último momento no siempre es una mala estrategia. Pero no puede ser tampoco la única. Sobre todo cuando lo que se tiene que hacer es una trivialidad.
Y sin embargo, persisto.